Una guerra sin vencedores (Coriolanus)

“Coriolanus” está basada en una de las últimas tragedias de Shakespeare. Una obra eminentemente política, con claras referencias que atentan contra la tiranía y la avaricia de los políticos. La película se hace eco de la historia pero está ambientada en la época actual. Cayo Marcio (Ralph Fiennes) es un mandatario soberbio, enemigo del pueblo. La obra (también en la gran pantalla) empieza con un enfrentamiento de clases en que el protagonista vuelve a mostrar su desdén y antipatía, insultando a los ciudadanos, menospreciándolos y haciéndoles saber que su opinión no es valorada por el senado. El pueblo pide pan y asaltan las vallas donde guardan los bidones de grano. Cayo Marcio, tomará el nombre de “Coriolanus” después de vencer en la guerra contra los volscos en la ciudad de Corioli. Su principal enemigo, Aufidio (Gerard Butler) es derrotado. Finalmente, Coriolanus se aliará con éste para vengarse de un pueblo que no le quiere, desterrándolo.

Ralph Fiennes, protagoniza, dirige y produce este largometraje que, a pesar de ser una leyenda, levantó ampollas y llegó a ser censurada, por sus reminiscencias del fascismo. El actor de grandes títulos como “La lista de Schindler” o “El jardinero fiel” se atreve a llevar el timón de un film, con no demasiados buenos resultados. El guión se ciñe a la obra original, y sus personajes están bien buscados, sin embargo, carece de sentimiento y cohesión entre las secuencias. Es como un puzzle enorme que no acaba de encajar: no se profundiza en los personajes, sólo vemos sus actos. Actuaciones que se suceden sin que entendamos el porqué. No quiero decir con esto, que la película no se entienda o que la puesta en escena no sea buena. No han sabido sacarle el suco a la obra dramatúrgica para adaptarla a un medio tan exigente. No hay suspense, ni pasión entre los personajes. Todo se muestra muy por encima, sin profundizar.

Trata un tema que, aunque con otras connotaciones, está muy vigente. Una sociedad que denuncia los privilegios desmesurados de la clase política, ciudadanos que se sublevan. Unos dirigentes que manipulan, con cortinas de humo y retórica fácil. A todo esto le añadimos un actor que siempre ha brillado en sus interpretaciones. Un cóctel exquisito que no ha resultado. Fiennes interpreta a un guerrero fuerte y poderoso, que no controla su lengua ni su endemoniado carácter. Y como es habitual en sus trabajos, lo borda. Los personajes están a la altura pero el sentido se pierde entre los versos y los gritos excesivos. Vanessa Redgrave hace aplomo de su elegancia y maestría como actriz. Jessica Chastain, que ya dio pistas de su talento en “El árbol de la vida” donde interpretaba a la contenida esposa de Brad Pitt, vuelve a meterse en un papel de índole parecida. Su tez blanca y la dulzura que desprende en cámara, le han valido para convertirse en la actriz del momento.

Por lo que no es un fallo de interpretación, desde luego. No se me olvida mencionar a Gerard Butler y su impecable actuación como luchador.  La película no está bien planteada ni desde el plano de dirección, ni desde montaje. Demasiado rápida, con demasiadas elipsis. No profundiza en los personajes ni conmueve. No ofrece un argumento interesante (por cómo está contada) y llega a aburrir. Aún así, homenajeado a uno de los más grandes escritores de la historia, con valentía y respeto. Démosle una oportunidad a un Fiennes inexperto pero arriesgado y que muestra, una vez más, su pasión por el cine.

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