O cómo empezar “de vuelta” (Días de pesca en Patagonia)

“Días de pesca en Patagonia” podría ser la historia de cualquiera de nosotros. De cómo llegados a cierta edad, sentimos la necesidad de enmendar errores del pasado, de buscar una motivación. Marco Tucci (Alejandro Awada) decide viajar desde Buenos Aires al sur de Argentina, Patagonia. Allí se embarcará en la pesca de tiburones y aprovechará para visitar a su hija. A sus 52 años y después de haber superado su alcoholemia, Marco decide cambiar de vida y empezar a cuidarse.

Una vez más, Carlos Sorín dirige una novela intimista, directa y realista. Con toques de humor al estilo de su vecino chileno, Pablo Larraín en “No” y acompañada de una banda sonora emotiva y sencilla. Compuesta, como en anteriores títulos del autor, por su hijo, Nicolás Sorín. El cineasta vuelve a confiar en actores noveles, exceptuando al personaje protagonista. En este filme vemos a un Awada cautivador, emotivo y emocionado. Su presencia ante las cámaras es devastadora, convence con una sola mirada. Victoria Almeida, que interpreta en la historia a Ana, la hija de Marco es pura ternura. Tiene una larga trayectoria en teatro y a pesar de su corto paso por el cine, la expresividad de su mirada y su naturalidad le traerán futuros papeles, seguro.

Una historia que se cuenta a través de sus diálogos, sus chistes y sus silencios. Un guión sencillo, humano, lleno de matices. “Días de pesca en Patagonia” podría entenderse como una lección, o como una reflexión. Habla de esperanza, de sueños perdidos y de esfuerzo. Sus personajes consiguen llegarte al corazón. Hasta el más joven del reparto, Santiago Sorín (nieto del director) es relevante. Sin olvidar al ingenioso y torpe entrenador de boxeo (Óscar Ayala), que consigue robar más de una carcajada.

Conmovedora y auténtica. Así definiría esta historia, rodada en un paraje natural que por sí solo transmite libertad. Sorín ha recibido más de 20 premios nacionales e internacionales por sus trabajos anteriores; y este último, también parece haber tenido muy buena crítica en prensa.

Antes mencionaba “No”, de Larraín, junto con esta, son el ejemplo de cómo el cine latino se está haciendo un hueco en nuestras salas y, lo que es más importante, lo bien que está respondiendo el público.

Carlos Sorín vuelve con una película poco comercial, sin acción ni sobresaltos, pero que hace sentir. Llega por cómo se explica el drama, por cómo utiliza el humor, porque cada escena es simbólica. Por ejemplo, el momento en que Marco sale a pescar con sus instructores, el malestar y la angustia que siente: una metáfora que el espectador la capta. Concluyendo, el cineasta argentino sigue llegando a su público más nostálgico, a quienes ya habló de la soledad y el “tempus fugit” en otras historias como “La ventana”.

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